La Torta

Libro de la PatriaMi sexto año en la Primaria José María Morelos de Nogales Sonora. Las palabras de mi ex-compañero “El Quick” fueron las siguientes al estar formados fuera del salón de clases momentos antes de entrar: “Rogelio… ¡ahora nos toca la torta!”; aún recuerdo la expresión de su cara cuando me hizo voltear hacia él al haberme tocado en el hombro para llamar mi atención. No era a un desayuno a lo que se refería Luis - la escuela tenía años de haber servido algún raquítico desayuno escolar… a lo que mi entusiasmado amigo se refería era que ese día le daríamos la vuelta a la “página mágica” del libro de Ciencias Naturales para pasar a ver el tema de la sexualidad humana, por primera vez expuesta a nuestra atención, niños y niñas de 11 años de edad (en promedio), en el ambiente “formal” del salón de clases.

Pueden evaluar que para esas alturas de nuestro desarrollo, ya para muchos de nosotros era historia vieja el por qué de la configuración macho-hembra del ser humano y en sí de una buena parte de la fauna en este planeta, y que el cuento de las abejas y las flores era asunto irrisorio digno de la chamacada de kinder… nosotros ya éramos otra cosa, y por el entusiasmo del “Quick” igual pueden establecer que ésta no era la primera vez que tendríamos oportunidad de ver en un libro de la escuela lo que en bastantes revistas y publicaciones de “mal decir” habíamos descubierto AÑOS atrás.

Resulta que el pasado mes de Julio, la Secretaría de Educación Pública dá a conocer en el Diario Oficial de la Federación, la lista de los libros autorizados para el ciclo escolar 2007-2008 a nivel Secundaria… y ya tenemos problemas con gentes protestando por el contenido “tendencioso” (como lo han calificado algunos) de la información sobre la Educación Sexual en los textos. En especial me refiero a la Coalición para la Participación Social en la Educación, o COPASE para quienes gozan del florido lenguaje de abreviaciones muy Mexicanas.

Aquel sexto año de primaria lo cursé en 1978, hace ya casi 30 años, y los nudos que ocasiona en ciertos sectores de la sociedad Mexicana todo lo referente a la naturaleza sexual del ser humano, siguen tan presentes hoy como entonces, quizá de una forma más angustiantemente asfixiante. Cierto que entonces las preocupaciones de los padres eran otras en ese sentido. Hoy con el SIDA y demás las apuestas son más altas, y creo que ahora más que nunca la información completa y sin velos de carácter religioso y moral es más importante que nunca… pero estamos hablando de dos términos profundamente anclados en el sino Nacional: Moral y Religión. Con el segundo es más que suficiente para asegurar que las cosas no van a cambiar, y que gentes como las de la COPASE van a tener un día de campo atacando las iniciativas de la SEP… una vez más, un año más.

Quizá este post va a servir para publicitar la agenda de la COPASE y otros grupos similares. No hay problema, quienes llevan la de perder son los hijos de un buen número de éstas personas, algunos quizá con noble intención en mente pero perdidos al fin y al cabo en la oscura ingenuidad de creer que teniendo a sus niños en escuelas privadas y metidos en la iglesia (la que sea) cada semana va a ser suficiente para protegerlos “del mundo”. Poco peor hay que la desinformación, y estas gentes ven con terror el despliegue natural de lo que el cuerpo humano es, el tabú eterno, la visión de un pecado original (¿quién inventó semejante patraña?), la condenación de aceptarnos tal y cual somos.

Es una pena que 30 años después veo que las cosas van de mal en peor. Algunos de mis amigos de entonces ya no son más; unos se perdieron en el vicio de las drogas, otros en el alcohol, unos cuantos más en la vida del dinero rápido y arriesgado, y desgraciadamente otros más por problemas de salud ocasionados directamente por la exposición a prácticas inseguras del sexo…

Todos los de mi generación pudimos haber tenido la oportuna intervención de por lo menos nuestos padres para empezar - y de la escuela en segundo lugar - para que hablaran con nosotros sobre tema de la sexualidad… no en sexto año de primaria, no en quinto, no en cuarto; ya para entonces, la “otra escuela” se ha encargado de dar su versión de las cosas. Debimos haber empezado a reconocer nuestra naturaleza desde aquel primer momento en el que aventuramos un inocente comentario a nuestros padres. Yo les aseguro, que ésto fué poco después de empezar a hablar, valernos por nosotros mismos y empezar a tener conciencia del mundo que nos rodea.

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