
Y ayer por la tarde me paseaba en uno de los autobuses de la línea M15 que corren desde la terminal del Ferry en Whitehall hasta Harlem por la 3era Avenida. Todo transcurría en sana y tranquila paz, pocos pasajeros a esa hora hasta que en una de las paradas cerca de Chinatown se suben intempestivamente por la puerta trasera dos vociferantes y escanadolos tipos de afroamericanos (el término políticamente correcto a usar ¿ok?). La puerta trasera de los autobuses aquí es destinada únicamente para los pasajeros que bajan o aquellos en silla de ruedas, todo pasajero debe subir por enfrente y pagar la cuota en el cajero justo al lado del chofer. Para hacer el cuento corto, en cuanto estos dos mozalbetes se subieron, uno de los pasajeros - un señor visiblemente veterano, se molestó lo suficiente para empezar a llamarlos tramposos, roba tarifas y demás. Los trampas no se quedaron atrás y con la aburridísima combinación de conjugaciones con la única mala palabra en inglés (adivinen… “fuck”) se empezaron a pelear con Mr. Veterano.
El autobús aún no se movía cuando Mr. Veterano empezó a gritarle al chofer pidiéndole que llamara al 911 solicitando a la policía para que atendiera y despachara a los trampas como se debía. Yo estaba sentado junto detrás del Trampa 1, el de las gafas oscuras; Trampa 2, el de las botas de construcción sin abrochar agujetas estaba sentado cruzando el pasillo.
El chofer se dirigió a la parte trasera del autobús y después de escuchar argumentos les pidió a los trampas que se callaran y que ahí dejaran las cosas, que él no quería problemas esa noche… no por 4 tristes dólares de la tarifa de ambos. Diciendo ésto, se lleva a Mr. Veterano al frente del autobús pidiéndole que se calmara. Yo estaba ya con la estrategia puesta para responder de la mejor manera posible en caso de que fuera necesario… afortunadamente estaba en un asiento y posición en la que difícilmente los trampas podían amagarme entre los dos, digo, hay que estar preparado para todo. Me quedé callado y observaba atentamente todo cuanto sucedió.
Los trampas como era de esperarse, siguieron vociferando tarugada y media, que si el señor viviera arriba de la calle 96, que si en Harlem, que si el Lower East Side, que si era un redneck, que lo colgarían, que lo lincharían y entre su cansada y aburrida fuck this y fuck that salió a relucir la raza… Trampa 1 sale con la pendejada de “qué tal si hubieran sido dos chicos blancos, ah no, a ellos no les dirían nada”. Ahí fué cuando ya me empezó a dar risa ese patético despliegue de orgullo mal colocado.
El viaje se convirtió en todo un estudio sociológico con éste par de individuos, y tristemente reconocí que vivimos en un polvorín con una mecha muy corta, y hay un montonal de locos jugando con cerillos prendidos cerca de esa mecha. Poca cosa va a bastar para encederle el fuego y truene de a deveras. La tolerancia está a niveles tristemente bajos: Mr. Veterano y los Trampas se encendieron en un instante… y ya estaban hablando de muerte. Es claramente visible también la siempre presente referencia a Blancos vs. Negros, Negros vs. Mexicanos, Mexicanos vs. Colombianos, Chinos vs. Todos; y aquí vivimos todos en un no muy grande espacio para tanta gente.
La única persona a quien hay que admirar aquí es al chofer del autobús. Todos los días se enfrentan con ésto… y siguen en su trabajo tratando de poner una buena cara a los usuarios. Yo hubiera bajado a los trampas ahí mismo o los obligo a pagar la tarifa - conozco al menos un par de conductores de autobuses en Staten Island que tienen ese carácter, uno de ellos es mujer… mis respetos.
Qué lástima que se siguen criando gentes que aún creen que el mundo les debe algo por agravios añejos. Según ellos eso les dá derecho por ejemplo, a subirse a un autobús sin pagar. En realidad, todos los demás usuarios pagamos por estas personas, y los dejamos ser. Nadie se iba a exponer a mayores problemas.
No por $4.00
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