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December 27, 2007 by RogelioP.
Recordando un poco a Clavillazo. El comentario viene a raíz de una conversación que tuve con algunos compañeros de trabajo hoy por la mañana una vez que un ataque de pánico en las operaciones del diario vivir fué atendido y solucionado por la raza de soporte.
Es interesante observar como en la mayoría de quienes se dicen ser líderes de equipo o supervisores lo que más brilla por su ausencia es precisamente la capacidad de ser líderes. Uno como subalterno busca apoyo en su superior en momentos de crisis… digo, eso es en teoría porque más a menudo de lo que pensamos, nuestro flamante jefe para lo único que sirve es para nada y para menos; tal pareciera que su sola razón de ser es como un catalizador de crisis, un elemento de inestabilidad y nulo valor en la resolución final del problema.
Hoy por la mañana me tocó ver a uno de los “jefes” vociferar preguntas a lo tarugo, y a gritos. El pobre novato que tuvo la mala suerte de atender el llamado tenía una cara de pánico y susto de esas “priceless”… mala hora para olvidar mi cámara fotográfica. ¡Diablos!
Pasado el mal rato, uno de los muchachos me preguntó que cómo le hacía para permancer en un aparente estado de impavidez ante el escándalo y las alocadas carreras de los involucrados. Les dije que eso era una habilidad ganada a costa de muchos golpes de cabeza y quemadas y episodios de orgullo pisoteado, que en lo que sea que se refiera al trabajo no hay nada que merezca la pena hacerse mala-sangre. Cierto que es fácil sentirse presionado a veces y más si la responsabilidad de resolver un impasse es nuestra directa, pero aún así siempre es mejor mantener la cabeza fría, la cara tranquila y no dejar que el pánico a nuestro alrededor maneje nuestras propias emociones.
Como decía Clavillazo: Momeeento. El truco es que hay que aprender a mantener la cara de “aquí no ha pasado nada” aún bajo la extraña circunstancia de que la “papa” explote en nuestras manos. Si eso sucede, hay que tener lista la expresión y un comentario como: “¡ajá!, eso es lo que iba a pasar, bueno, manos a la obra”. Créanme que con práctica se llega a la perfección y se gana uno más pronto el respeto de los compañeros de armas y de quienes nos buscan para resolver sus problemas - y no me refiero en éstos últimos a los jefes. Antes de que me malinterpreten: sí he tenido jefes excepcionales, verdaderos líderes que se ganaron mi respeto a pulso, pero a esos los puedo contar nomás con 3 dedos; los demás… los demás… chale.
¿Y entonces?, no hay problema. Recuerden niños y niñas: Quien se enoja… lleva las de perder.
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