En un país con una cultura muy dada a proclamar las virtudes de una persona según el título que ostenta, contar con la famosa MC - o Maestría en Ciencias, es uno de esas etiquetas que apantalla más que un simple título profesional en alguna rama de las Ingenierías… estar titulado ya no tiene el mismo “punch” que tenía antes.
Ahora, en términos prácticos para la vida de los 106+ millones de Mexicanos, contar con Master en Ciencias de poco beneficia el diario vivir, eso y si al populacho no le interesa leer las disertaciones de alto nivel sostenidas a través de programas televisivos como en el CNI 40 (bueno, lo que queda de ese canal), o en simposios y encuentros de Tecnológicos o a través de revistas como la Genyus que en algún tiempo el Tec de Nogales editó.
Y es ahí donde está el asunto que promueve este post. Hace un par de días sostuve una “conversación” por e-mail con un buen amigo ex-compañero de escuela en la que la discusión se centraba en el triste reconocer que tenemos la fortuna de contar con Masters como para equipar a la NASA dos veces y nos sobran para ayudarles a los Rusos también… pero que casi ninguno de ellos (y ellas) participan activamente en algún proceso de cambio que requiera de sus habilidades como Masters; porque la gran mayoría de dedica a papelear teorías y análisis esotéricos de sistemas virtuales, mucho valor intelectual pero pobre aporte productivo. Otros más dan clases y los demás se sub-emplean en industrias como las maquiladoras… en fin qué se le puede hacer, es lo que hay.
Cuando estudiaba I.I en Electrónica, mientras nos perdíamos en el pizarrón entre números y valores analizado polos y ceros de funciones que sólo podían existir en un papel, detuve al maestro en media disertación para preguntarle “para qué nos sirve todo eso, en qué lo podemos utilizar, dónde lo aplicamos…” - en su respuesta, quizá por las limitantes impuestas por el programa educativo o quizá por la falta de preparación, se limitó a recitar el texto tal cual venía en el libro guía de estudio.; insistí… y a final de cuentas obtuve un amigable “mire compañero, no se preocupe por esas cosas ahorita“.
Poco después me cambié de carrera a una en la que por lo menos los conceptos eran más tangibles y me fué mejor. Lo de los polos y ceros y sus aplicaciones en la vida común lo entendí un par de años después al estudiar uno de los métodos utilizados para incluír una señal estéreo en la portadora AM. El concepto había sido inventado por Norman Parker, Francis Hilbert y Yoshio Sakaie en 1977 y Motorola lo implementó para 1982 cuando la FCC autorizó la operación de estaciones AM Estéreo. La SCT lo hizo poco tiempo después.
M.C. - Un interesante ejercicio académico. Pero ejercicio nada más. México necesita más hacedores, más innovadores. De pensadores está lleno.
.