Hace un par de días me asaltó un predicador en el Ferry de Staten Island al regresar a mi casa después del trabajo. Iba yo leyendo una vieja revista de mi colección muy entretenido cuando un güero en corbata me preguntó si me daba tiempo de leer la Biblia. Le dije que NO sabiendo a dónde me conduciría esa respuesta y que prácticamente acaba de perder una oportunidad de solaz esparcimiento y recreación en los 25 minutos que dura la travesía de Whitehall a St. George.
Le pregunté al chavo éste el por qué debería de prestarle mi atención, por qué debería yo de tomar su palabra y sobre todo aquellas escritas en un libro como la verdad única y completa, por qué no también hablar sobre el Corán o la vida de los Cuáqueros… y el muchacho se volvió un manojo de balbuceos. Pobre, no lo culpo pero creo que no estaba preparado para semejante cuestionamiento. Le dije que para medio mundo - el Musulmán - él y yo éramos un par de infieles que nos quedaríamos sin las vírgenes al morir, para empezar con ejemplo.
Este episodio me lleva a confirmar el pensamiento de que el afán en reclutar a sus credos es una cuestión de poder, eso engolosina a cualquier persona o grupo de ellas. Para mí no hay peor azote a la humanidad que el concepto y prácticas de las religiones organizadas, grandes y pequeñas todas son lo mismo: proclaman en su exclusivo haber la única y absoluta verdad y nadie fuera de su equipo merece nada a menos que sea un devoto afiliado. Igual que en un equipo de fútbol. O partido político.
Sólo podría ser producto de la arrogancia humana el pensar en sí mismos como el epítome de la Creación (cosa de la que tengo absoluta duda pero ese es tema para otro artículo). De igual arrogantes las formas y los símbolos que los animales conscientes del tercer planeta utilizan para delimitar sus territorios y filiación religiosa… ¿en qué cabeza cabe que un supuesto ser supremo va aprestar atención especial a bípedos que se visten en vistosos colores, proclaman celibato en pos de una orden y servicio, se ponen un gorrito copetero, se dejan crecer trenzas en las patillas del peinado y visten de negro hasta en los días más calientes, se autoflagelan, o se arrastran de rodillas hasta sangrar en sus peregrinares a igual de arrogantes y pretenciosas construcciones denominadas como templos de adoración?… ¿en qué cabeza cabe?
En las cabezas donde domina el miedo. Así de sencillo. Miedo a la vida, miedo a la muerte. Y no es para decir “¿miedo yo? de ninguna manera, ¡el Señor está conmigo!” - ¿cuál señor? ¿Alá? ¿Jesús? ¿Mohamed?. ¡Oh!, ha de ser porque te comes una galletita los Domingos o porque adoras la imagen de un crucificado o porque no comes puerco y ayunas de cuando en cuando que mereces la atención privilegiada de la entidad suprema creadora de todo el universo… digo, sometiendo nuestra existencia a ese perenne dogma. Creo que semejante ente ha de tener mejores cosas que hacer y administrar en todo un universo que fijarse en las babosadas existenciales cometidas por unos changos sin pelo en un pequeño planeta de muchos, en una pequeña galaxia de muchas.
Desde pequeños nos empiezan a enseñar sobre un Cielo y un Infierno. La recompensa de vida eterna o el doloroso castigo per sécula seculorum. Vaya intrigante “amarre” a la vida corporal: luego de pasar un promedio de 70 años viviendo en un cuerpo que se deteriora en las más variadas formas, sostenemos a diestra y siniestra que si nos portamos mal lo que nos espera son más castigos: quemaduras, latigazos, hambre, etc… dénle una buena leída al libro que dicta los dogmas que toman como los verdaderos - si es que todavía pueden hacerlo objetivamente, la efervescencia religiosa quema ciertas áreas del razonamiento en el cerebro - y si encuentran alguna referencia al castigo que no tenga que ver con con una simple transposición de los diferentes traumas que nuestro cuerpo humano puede recibir en vida, me avisan. ¡En serio!
Dijo Blas Pascal: “El hombre no se comporta haciendo el mal tan completamente y con tanto entusiasmo que cuando lo hace a partir de una convicción religiosa”.
Dijo George Carlin: “Asesinato. Mas cuando piensas un poco en ello, la religión realmente nunca ha tenido un gran problema con el asesinato. Más gente ha sido asesinada en el nombre de Dios que por cualquier otra razón. Todo cuanto hay que hacer es dirigir la mirada hacia Irlanda del Norte, Kashmir, La Inquisición, Las Cruzadas y el World Trade Center para ver qué tan en serio la gente religiosa se toma el no matarás. Lo más devotos que son, lo más que ven al asesinato como algo negociable. Todo depende de quién está matando y quién está siendo asesinado“.
Mi estimado Mormón de los Santos de Los Ultimos Días en el Ferry no pudo con algo semejante a todo este rollo.
Una marca más en el fuselaje de mi avión. A ver cuándo me toca el o la siguiente.
Su más seguro y atento infiel y pecador, yo. ¡Salud!
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October 21, 2008 at 10:36 am
Pero hay un DIOS !!! … que te dice 10 cosas que debes o no hacer y si no cumples te manda a un lugar lleno de castigos y sufrimiento… bla bla bla… Pero TE AMA !! (Zeitgeist The Movie) …
En fin my friend.. esto es en realidad la gran mentira con la que después de miles de años (mas de 2 mil) la humanidad sigue siendo sometida… y dejándose someter.. Seguimos creyendo que el premio mayor, que la vida eterna, la felicidad, etc.. empieza al terminar esta vida. Que idiotez tan grande!!
La Verdadera Vida, es esta!!! Esta que tenemos ahorita.. Solo hay una y hay que VIVIRLA!!
Y bien dijo alguien por ahí… “La Verdad os hará libres” … !!
LA VERDAD OS HARA LIBRES, LA MENTIRA CREYENTES